- ¿Quieres ir? -.
-Si claro -.
y el palpitar incesante del corazón
el anhelo de la noche de canto
junto a esa mujer
junto a la amiga, a la que su corazón anhelaba.
Deseos de llamar, de preguntar
De insistir
Mientras la razón dictaba otra instrucción.
Llegaba la hora
El sonido del celular en espera de noticias
El sonido que si sonaba seria un elucubrante no
Una decepción al corazón
Y el silencio aturdidor del aparato
Creaban una llama en la oscuridad
Una pequeña luz de esperanza
de lo que prometía ser una noche inolvidable.
Horas practicando la melodía
Que emitiría, esperando declararle aquel sentimiento
A aquella mujer con dueño.
Su voz se quebraba, haciendo el mejor esfuerzo
Por sonar en cada nota
El suspiro de amor,
Si, si,
El cantar a aquella chica, esa canción comercial,
Pero hermosa y solo para ella.
Esa chica,
La que en su corazón y en sus pensamientos
Era solo suya y de nadie más.
La mujer con dueño
La melodía robada,
Nada, nada, nada solo vacío.
El teléfono nunca sonó,
la llama aun viva en cada instante
Y pese al calor familiar de los comensales
El corazón triste, anhelante, solo.
Cada minuto miraba aquel cuchillo
Llamado en la ciudad: reloj.
Mirando esa puerta con un desfile de mujeres
Hermosas, bellas, con un don espacial
Pero jamás como ella, como la mujer con dueño.
Comienza la melodía,
La silla, vacía, vacía, el corazón triste.
El anhelo moribundo
De que ella nunca llegaría.
La duda a cada instante,
de su bienestar deseado
de aquella mujer con dueño,
con quien él deseaba estar,
y que ahora se conformaba
tan solo con llamar.



